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Fernando Andriacci Esculturas
I Parece que evade la mirada. Hace apenas un instante acaba de detenerse
pero mantiene una actitud alerta a cualquier chasquido de un niño invisible
que le ordenará continuar a ninguna parte... ajaa toro, ajaa... En vez de
patas tiene ruedas. Cola levantada y dos cuernos en perfecta armonía. Es del
tamaño de una pelota de playa desinflada. ¿Por qué oculta su identidad con
ese disfraz en forma de elefante alargado? Lo cierto es que su linaje no
tiene que ver con la vaca de Humahuaca. Sobre su lomo redondito tiene estampada
una niña que levanta los brazos mostrando dos párvulos pezones de bronce
mientras se ríe con sus dientecillos de columpio, su nariz de barquillo y
una chapa vigorosa en cada cachete. Dos elefantes pequeñitos dormitan en su
regazo. La expresión del novillo no es propiamente de alegría, quizás medita
como el poeta: ¿por qué bajo la gloria de este sol tristeo como un buey?
Lo cierto es que el rumiante ya pastaba en el jardín fantástico (evadiendo
el eufemismo connotativo de la monotonía folclorista de los pintores
locales) del pintor Fernando Andriacci. El toro, el gato y el caballo van
al “psicoanalista” porque han escapado de un lugar habitado por seres
“tocados” por el candor de la ingenuidad dirigida. Tienen ya la mejor apariencia.
II Cuando el francés Auguste Rodin decide hacer valer “que el escultor
no debía ser esclavo de la anatomía, sino usar a ésta para lograr el propósito
expresivo final” establece un rompimiento perentorio contra las musas doctrinales
de la formalidad académica. No era Rodin el único ni reciente esa díscola actitud,
pero sí al que la publicidad intelectual favoreció. Tampoco significó el final
de la maestría o el desastre de las corrientes barrocas de la escultura. Se
permitió, más bien, desde ese momento dar rienda suelta al espíritu de los
nuevos tiempos. ¿Hace dos siglos se pensaría en crear un artefacto para peinar
el aire? Sería como establecer una competencia de corredores tras el viento.
Aunque esto sí sucede en sentido existencial, la absurda genialidad de
desenmarañar la furia cantábrica fue del escultor donostierra Eduardo
Chillida al diseñar un peine de 10 toneladas de acero para peinar el viento,
desde el paseo marítimo de San Sebastián, España. Así, pronto se le ocurrirá
a alguien darles cuerpo monumental a las enigmáticas criaturas del Jardín
de las Delicias, de el Bosco.
El trabajo escultórico de Andriacci se ubica en la corriente caótica del
surrealismo contemporáneo. De lo caótico controlado, o mejor dicho,
de un surrealismo como ejercicio fulgurante de la memoria y la imaginación
por redescubrir todo lo olvidado: las razones del origen y de la unidad
(Carlos Fuentes /Tiempo Mexicano).
En la actualidad la pesadumbre y desazones ordinarias han dominado el
arte hasta el grado de caer en lo que los críticos metafísicos llaman,
“la nada”. De aquí la idea de volver a la alegría primigenia que
otorgaba liberalmente el sentido común del gozo cardinal: vivir,
soñar, amar, morir.
III Fernando Andriacci ha logrado mediante la creación de esculturas
zoomorfas recrear la intensidad lúdica de sus personajes con inusitada
elegancia. Se trataba, en realidad, de retomar un pendiente que el artista
había contemplado hace un par de años y que de alguna manera venía ensayando
a través de la manufactura de objetos cerámicos de mediana y alta temperatura.
Aquí empiezan a aparecer jarrones, fruteros, huevos, floreros y un sinnúmero
de piezas sin sentido práctico aparente pero dotados de la sugestiva
gracia que suele dejar en el aire la pregunta: ¿y esto, qué es?
En esa época el artista empieza a dar a sus abstracciones volumen y
textura. Era el cocodrilo que se inflaba en el óleo y le brotaban
escamas, dientes, patas y pezuñas; el pez absorto en navegación ondulada o
la figura de un dipsómano mitad cuerpo mitad botella.
Ubicados en el segundo nivel de un trampolín anímico todos los protagonistas
aguardaban pegar el salto extraordinario de lo subjetivo a lo tangible.
IV ¿Por qué es tan significativo el proyecto escultórico de Andriacci?
Ensayaré dos respuestas. La primera tiene que ver con los antecedentes de
dar a los elementos pictóricos un sentido y significado más concreto, o
quizá por la simple razón de representar en objetos tridimensionales las
ideas surrealistas del pintor. No olvidemos que “somos simples hombres
atados a realidades visibles”. La metamorfosis de una fuente onírica en
representaciones de origen típico permite lecturas distintas y establece
otra manera de acercar al espectador a la experiencia artística. Nada
nuevo, pero diferente. Esta es la proposición que rige el proceso
creativo de Fernando Andriacci por el momento y que seguro va ha
expandirse hacia la escultura monumental.
La complejidad oronda que el pintor oaxaqueño pretende insuflar en
sus personajes significará un hito en el espacio secular del arte
mexicano proveniente del sur, negando, de paso, la táctica nihilista
de la satisfacción simplemente subjetiva.
La segunda respuesta tiene que ver con el surtirle una “potencia
estética” a su obra; que se refleje, paralelo al énfasis monumental,
la impresión de un motivo social para establecer un contrapeso de
sentido. Será como inocular en el paisaje urbano las metáforas
del escapismo inconciente y colectivo. Diversión visual, parsimonia
y pausa entre el humo, el crimen, la velocidad, la esquizofrenia
política, el vacío cotidiano y la gastritis. Las expresiones
escultóricas que a partir del deshecho industrial ha realizado
Gabriel Macotela marcan la pauta de que el arte público puede
insertarse en el mismísimo hábitat citadino y consecuentemente
lograr la satisfacción espontánea de los urbanitas. Algunas ciudades
de México necesitan de manera urgente estos trasplantes exquisitos
de arte que logren una conversión, además, de la monotonía de la
estatua capitalina --que susurra al oído del paseante, como decía
Villaurrutia, estoy muerta de sueño-- por una visión alucinante y
trasfigurada de la sensualidad artística revivida.
Estos son los objetivos a mediano plazo de Andriacci, sí, las de
un tártaro urbano subvertido. Y camina a paso veloz. La aventura
del bronce fantástico ha dado inicio con la presentación de esta
primera entrega de 6 piezas.
Edgar Saavedra Oaxaca, enero 2007
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