FRUTAS DE LA CREACIÓN COLECTIVA
Taller arte y oficios Polvo de Agua
ÁRBOLES DEL BIEN Y DEL MAL
José Luis García
Esculturas |
Árboles del bien y del malMi madre le hablaba a los árboles como si fueran niños. Ella me enseñó que las sombras de los árboles son diferentes entre ellas y también son parecidas a nosotros los humanos, incluso tienen nombre y apellido, como el Sauce Llorón, el Palo Mulato, el Copal Rastrero, o el Palo Santo. Pareciera que a ellos les hubiera gustado ser así. “¿Qué árbol te gustaría ser?”- me preguntó mi madre. No supe contestar, sólo sé que
desde entonces me cambiaron los ojos, mi manera de mirar. Ahora busco el alma y el
corazón de los árboles, toco su tronco y siento el palpitar de la vida. José Luis García En la obra mural de José Luis García, las sombras de los árboles son suspiros de siluetas térreas. La penumbra de las formas adquiere vida propia, sus estructuras son autónomas y claman libertad interior. El artista oaxaqueño no utiliza pigmentos, sino los nutrientes como regalo de la naturaleza, porque las tierras de la Mixteca son coloridas: amarillas, verdes, azules, violetas y blancas. José Luís, además, incursiona en las técnicas ancestrales de la alfarería prehispánica y bruñe el barro para darle brillo y esplendor a la composición. De vez en cuando, imprime unas líneas de oro como recuerdo de la constelación estrellada del manto que cubre cada noche su cuerpo. José Luis García crea también un bosque tridimensional de barro, sus esculturas son modelos corpóreos que tienen un hueco en el alma. Los troncos suspiran una angustia vacía que busca llenarla a través del arte. Las obras claman el palpitar de las formas erguidas y el abrazo de los tallos de madera de barro. Ante ellas, somos testigos de que la corteza de las ramas abriga un encuentro personal del artista con las formas de la naturaleza. Un eco interior se consolida en las obras plásticas de José Luis García. El sonido remite al vuelo de un pájaro, al ir y venir de las olas, al relámpago nocturno y al crujir de una tarde lluviosa. La naturaleza se manifiesta en amplios lienzos o pliegos de papel de algodón, la grana cochinilla hace su aparición a través de líneas sangrantes que evocan una luz interior. El caracol púrpura se transforma en una gama de violetas a morados y plasma una composición abstracta que refleja la emoción de los materiales en una plena identificación por parte del artista. De la misma manera que los antepasados de José Luis concibieron los libros sagrados de su pueblo, este artista de la Mixteca incursiona en su propia historia, es coherente con su pensamiento y deja su huella por el paso de la vida. María Isabel Grañén Porrúa
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